El Resurgimiento del
Islam en Andalucia
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Capitulo
primero La Península Ibérica antes de la apertura islámica
estaba ocupada por los visigodos, es decir los godos occidentales que
eran una tribu alemana. Comenzó la ocupación de la Península
Ibérica por los godos al principio del siglo V d. J. , a continuación de la expulsión de los vándalos, y que a su vez, era otra tribu alemana que había ocupado la Península Ibérica en
el siglo III d. J. Gobernaron los godos de forma arbitraria y trataron
a la gente originaria del país como si fuesen
esclavos a lo largo de todo su gobierno, hasta que fueron expulsados
por los musulmanes. Su capital quedó constituida en la ciudad de Toledo, que ocupa el centro geográfico de la Península Ibérica, a
orillas del río Tajo (1). La gente de la Península Ibérica era idólatra como lo eran
los godos hasta que aceptaron el cristianismo que fue entrando poco a
poco en el país a finales del siglo III d. J. La religión
cristiana se extendió en la Península
según la escuela unitaria de los arrianos en el siglo IV d. J. Así fue como la gente
de la Península Ibérica creyó en el Dios Único
(no creyeron en la Trinidad) y creyeron en Jesús como Profeta Enviado
de Dios. Se adhirieron los gobernantes godos en Toledo a la misma
escuela unitaria de los arrianos, convirtiéndose en la religión oficial del estado (2).
En el siglo III
entraron en la religión cristiana nuevas ideas que desviaron la religión unitaria hacia la trinidad como se conoce actualmente, hecho ocurrido en
el Concilio de Nicea. Estos principios introducidos fueron apoyados
por el estado romano, que combatió por la fuerza a todo aquel que se opusiera a ellos, en especial los
seguidores de la escuela unitaria arriana. En el año 400 de la era cristiana se celebró el Concilio I de Toledo por los godos, en el que se
decretó la
incorporación de los principios de la trinidad anunciados en Nicea.
Y así fue
como aconteció una
enconada disputa en la Península Ibérica
entre los trinitarios y los unitarios seguidores de la escuela
arriana, implicándose en una guerra civil implacable. La mayoría de los autóctonos de la Península Ibérica
fueron unitarios, mientras que los monjes pertenecían
a la escuela trinitaria. Pero el estado permaneció seguidor de la escuela arriana (3). Quedó la situación en este estado hasta el 8 de mayo del año
589 d. de J. en que se celebró
el III Concilio de Toledo, al que participó el rey Ricardo que junto al sacerdocio reprobaron la
escuela arriana, y el estado se transformó de unitario a trinitario. A esto siguió una opresión continuada a los unitarios que duró largos años. La gente
de Andalucía, al sur de la Península
Ibérica, se adhirió a la escuela unitaria, sin complacerle cambio alguno. Pero después de
unos años de castigo oficial fueron obligados a ocultar sus
verdaderas creencias (1). En este ambiente de
rencor incontenible llegó el Islam al norte de Africa, y vio la gente de Al-Andalus a los musulmanes
como sus hermanos de religión
y conectaron con ellos como aquel que pide socorro. Y así fue como se preparó la apertura de Al-Andalus, con la mutua y completa
colaboración entre los musulmanes árabes y bereberes en la orilla del Magreb por un lado y
la gente autóctona de Al-Andalus en la otra orilla por otro lado, lo cuál facilitó la
liberación de la Península
Ibérica del dominio godo y de los trinitarios en un espacio de tiempo
que no sobrepasa los tres años. Fue desde el año 92 al 95 de la Hégira (711-714 d. J.) (4), es decir solamente 122 años después del golpe de estado trinitario, hasta tal punto que algunos
intelectuales españoles contemporáneos describieron esta apertura del Islam en Al-Andalus como una revolución islámica en occidente (5). Así fue como entró un territorio de
una extensión no menor a 700.000 kilóómetros cuadrados a la ‘Casa del Islam’. Este territorio incluye actualmente la mayoría de España de hoy, exceptuando una zona montañosa al noroeste compuesta por el País
Vasco y Asturias. Así mismo incluía todo el estado de
Portugal de hoy, y una gran parte del sur de Francia que comprendía las ciudades de Narbona, Carcasona y Nimes. Los musulmanes otorgaron al
pueblo una total libertad en la elección
de su religión, quedando una minoría
seguidores de la religión trinitaria
cristiana, mientras que la mayoría regresó a la escuela
unitaria arriana (5). Y con el paso del tiempo, en un espacio que no
sobrepasó un siglo, todos los
unitarios se incorporaron al Islam y se igualaron con él. La lengua árabe pasó a
ser la lengua de su civilización y su
cultura, sin embargo preservaron el romance para sus discursos. A
estos millones de andalusíes que se hicieron musulmanes por voluntad propia y amor
al Islam, se incorporó una pequeña corriente de emigrantes árabes, bereberes y otros y se integraron con ellos, de
la misma forma que sucedió exactamente con relación al Magreb. De esta forma se
compuso en Al-Andalus un dialecto árabe especial,
caracterizado por su fuerte imala como algunos dialectos actuales de Líbano o Túnez, pero que después se extinguió con la extinción
del Islam en Al-Andalus en circunstancias que aclararemos más adelante. Como también hablaban la gente de Al-Andalus un lenguaje
romance, así mismo
extinguida actualmente. Estos dos lenguajes son preservados en los
libros de Al-Andalus: los refranes, los zéjeles, y las moaxajas. Una
de las indicaciones de que el pueblo andalusí era bilingüe, la composición de los
zéjeles populares en las dos lenguas al mismo tiempo. Un ejemplo de
ello lo tenemos en este fragmento del siglo XII del zejelista
cordobés Ben Quzmán (6), compuesto en dialecto
árabe y andalusí- Romance al mismo
tiempo: Ke nin bés la face i bédo mále. ’innama-lqádi
rayúl min riyáli.
‘áli
’alhímma yadurra wa yanfa‘
No veías en ellos su rostro sino que veías
sus sin sabores. El juez no era sino
un hombre entre mis hombres De gran importancia que beneficia y
perjudica Así fue como se formó un nuevo pueblo de
creencia musulmana y de lengua árabe, y con peculiaridades ligadas a su país.
Y no hubo en esta apertura islámica una
conquista de una nación para echar fuera otra, ni tampoco la imposición forzosa de una religión y una lengua
sobre esta nación. Sino que más
bien el pueblo andalusí eligió para
si mismo el Islam como Din (religión)
y la lengua árabe
como la de su civilización. Y dio la
bienvenida a los primeros fátihin musulmanes, una bienvenida de un pueblo oprimido a
su salvador. Al-Andalus pasó a ser después la
apertura islámica como territorio integrado en la provincia del
Magreb del estado islámico, cuya capital era Al-Qairawán. Convirtiéndose más
tarde en provincia por si misma, cuya capital fue Sevilla. Después se
separó Al-Andalus del
estado Abasida en oriente en el año 756 d. de J. bajo
la jefatura de Abderrahmán I, que fundó el estado Omeya en
Al-Andalus al cabo de seis años de la caída del estado Omeya de Damasco. Eligió como su capital a la ciudad de Córdoba sobre el Guadalquivir. Los musulmanes se convirtieron en mayoría abrumadora bajo el dominio omeya cuando llegó Al-Andalus al
apogeo de su civilización y poder. Ningún estado europeo de entonces se podía equiparar con Al-Andalus. Los cristianos pasaron a ser una pequeña minoría que perdió su lengua y sus nombres se arabizaron. Y esos que se
llamaron ‘Mozárabes’ (arabizados) permanecieron como la quinta columna dentro del
estado islámico, apareciendo siempre que se debilitaba su fuerza.
Llegó el estado Omeya de
Al-Andalus a su apogeo en la época de Abderrahmán
An Nasser, que gobernó el país durante 49 años
entre el año 912 y 961. En ese tiempo se estabilizó la seguridad, y se desarrollaron
el progreso científico y la literatura (7). La extensión del territorio andalusí
bajó en
tiempos de Abderrahmán An Nasser hasta 440.000 Km2 después de que los musulmanes perdieran
Narbona en el año 751, Carcasona en
el 759, Pamplona en el 798,Barcelona en el 801, y Burgos, León, Avila, toda Galicia y otras ciudades del noroeste de la Península Ibérica. Los derrocados
ejércitos cristianos que permanecieron en los intersticios
noroccidentales de la Península Ibérica, se organizaron en pequeños
estados cristianos que constituían el centro
de la resistencia contra el estado islámico desde
su comienzo. El
primero de estos pequeños estados fue el
reino de Galicia y Asturias, la que se convirtió después en el reino de León
cuando su capital fue trasladada de Avila a León.
Se separó de
León el año 970 (359 H.) el reino de Castilla y su primera capital
Burgos, mientras que el reino de Navarra se había separado antes con su capital en Pamplona alrededor del año 836. Estos tres pequeños estados se
extendieron a costa del estado andalusí, siempre que se les presentaba la ocasión
y con el apoyo total de Europa (7). Comenzaba a
debilitarse el estado omeya cuando ocupó el gobierno Hayib de Hishám II (nieto
de An Nasser) Almanzor Ibn Abi Amir. Fue Almanzor de los mejores
dirigentes de los musulmanes, y de los hombres más
capacitados del estado. Devolvió al país su fuerza inicial y la unificó de nuevo bajo la
bandera del Islam. Sin embargo los hijos del Almanzor no estuvieron al
nivel de su padre, ni estuvieron los nietos de An Nasser al nivel de
su abuelo. Le añadimos a esto que la sociedad andalusí se convirtió en una división
racial. Almanzor Ibn Abi Amir no confiaba en la gente de su país e introdujo un gran número de Bereberes magrebíes y esclavos eslavos en su ejército. Estos eslavos procedían de Francia, Italia y norte de Europa, y abrazaron el Islam a su llegada
a Al-Andalus. De manera que cuando se debilitó el estado andalusí, estos cuatro
componentes (árabes, Bereberes,
andalusíes y eslavos) comenzaron a enfrentarse unos con otros. El estado omeya se
desplomó en
el año 1031 después de violentas guerras civiles. Al-Andalus
se descompuso en un grupo de pequeños
estados de índole
racial, bajo el gobierno de los Reyes de Taifas que acabó con la unidad
andalusí y abrió el campo a la
formación de los reinos cristianos, unidos bajo las directrices del Papa de Roma
ocupando los estados de Taifas uno tras otro. El número de estos
pequeños estados islámicos andalusíes fue de 23. Entre ellos el
árabe de Bani Abbad en Sevilla y el de Bani Hud en Zaragoza; el de los
Bereberes como Bani Al Aftas, los Meknesíes
en Badajoz y los de Bani An Nun los Hawariyin en Toledo; y el de los
eslavos como Bani Muyáhid
y Bani Gania al este de Al-Andalus (8). Cuando se vino
abajo la resistencia de los pequeños estados andalusíes ante la invasión cristiana,
pidieron auxilia los andalusíes al Emir de los
musulmanes en el Magreb Yusuf Ibn Tashifin, el almorávide.
El cuál se trasladó a Al-Andalus en numerosas ocasiones y en la segunda vez
derrotó a
las fuerzas cristianas en la batalla de Zalaca en el año 1086. A
continuación, unió Al-Andalus
con al Magreb, y acabó con los reyes de Taifas. Mientras tanto, estos sucesos condujeron a la
pérdida de extensos territorios islámicos
de Al-Andalus, cuya extensión disminuyó hasta 250.000 Km2
solamente en la época
almorávide. Las
más importantes bases islámicas
que cayeron en esa época sin que estuvieran liberadas por los almorávides fueron las ciudades de Tarragona que cayó en el año 960, Braga en el 1040, Coimbra en el 1064, Guadalajara, Madrid y en
especial Toledo en 1085, etc. Al final del siglo
XI de la era cristiana, cambió así mismo
la situación con respecto a los pequeños
estados cristianos, pasando a ser el reino de Navarra el mayor de
todos ellos. Después se unieron Castilla y León en un solo reino en el año
1035. A continuación se separó el reino de Aragón del reino de Navarra, y el reino de Portugal del reino de Castilla.
Todos estos pequeños estados a pesar de las guerras entre ellos
organizaron su guerra contra el estado de Al-Andalus y se
engrandecieron a su costa con regularidad, siendo dirigidas la mayoría
de estas guerras por Castilla. Cuando se debilitó el estado almorávide, comenzó Al-Andalus a fragmentarse en reinos de Taifas por segunda vez. Pidieron
auxilio los andalusíes entonces, a los
almohades. Y estos acudieron en su ayuda en el año
1145, e incorporaron Al-Andalus al estado almohade después de que se
perdieran otros importantes territorios y ciudades, entre ellas
Zaragoza en el año 1118
(9) Más tarde se
debilitaron los almohades y sufrieron los musulmanes una grave derrota
en el año 1212 (609 H.) en las Navas de Tolosa [ batalla del ‘Oqab (el buitre)],
donde se reunieron todos los ejércitos de los reinos cristianos españoles (Castilla, Navarra, Portugal, León
y Aragón) en contra de los ejércitos almohades. Y pudo
Castilla, después de esta batalla, imponer su autoridad sobre el
resto de los reinos cristianos, bien con su anexión
como Galicia y León, o bien como
poniéndolos dentro de su protección. Y si no hubiera
sido por las guerras civiles entre los pequeños
estados cristianos habría terminado el
mandato de los musulmanes en Al-Andalus después de la batalla del ‘Oqab.
Ampliándose de nuevo Al-Andalus en pequeños
y suicidas estados de Taifas. Ibn Hud se apoderó de Murcia y del este de Al-Andalus, Ibn Al Ahmar
conquistó Baeza,
Jaén y Guadix... Resultaron estos acontecimientos, como veremos más adelante, en el nacimiento del reino andalusí de Granada. |
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